Martes 07 de Septiembre 2010
 
La muerte festeja en la Huasteca potosina Correo
Martes 13 de Octubre 2009
  • El evento se realiza del 31 de octubre al 2 de noviembre  
  • Los visitantes pueden dejar como muestra de respeto una pequeña ofrenda en los arcos que visiten

En las noches de noviembre, la exuberante naturaleza de la Huasteca potosina se transforma en el escenario perfecto para que las almas de los antiguos moradores paseen con toda libertad, ya que los habitantes de las comunidades de la zona creen que durante todo ese mes sus difuntos regresan a visitarlos.

Con casi una semana de anticipación al Día de los Fieles Difuntos, las familias comienzan a hacer los preparativos necesarios para la confección de su arco, el altar donde se colocan las ofrendas a los muertos, que normalmente incluyen los platillos y bebidas que en vida fueran sus preferidos.

Los pórticos de los hogares se engalanan con un colorido camino de pétalos de flor de cempasúchil, bordeado por veladoras, que en las noches del 31 de octubre al 2 de noviembre iluminan el camino de las almas hacia los regalos que se les han dispuesto.

La elaboración del arco no es al azar, ya que se realiza como una actividad familiar y cada uno de sus elementos tiene un significado especial en la Huasteca.

Por ejemplo, las esquinas de la mesa donde se colocan las ofrendas representan las cuatro etapas de la vida; mientras que el arco es la puerta del cielo por donde salen y entran las almas.

Además, se elaboran copaleros, candelabros, ollas y comales para que los difuntos encuentren todo nuevo a su llegada.

Los primeros en visitar a los vivos son los niños, el último día de octubre, por lo que se tiene especial atención en incluir en sus altares alimentos como atole y chocolates.

En algunos poblados, para que el ánima se acerque sin miedo, se ofrecen juguetes y chichiliques, ofrendas pintadas de rojo que comúnmente tienen dulces.

Se colocan, además, semillas de maíz y frijol para seguir sembrando; sal para los no bautizados y agua para los que llegan cansados. A la noche siguiente, el 1 de noviembre,

Día de Todos los Santos, se hace una velación y convivencia. Los miembros del grupo indígena tenek acostumbran tocar la Danza de la Malinche, que se conforma de siete sones dedicados a la muerte.

Por último, la catrina disfruta del festejo en el panteón, ya que el 2 de noviembre, Día de los Files Difuntos, en las comunidades de los tenek y los nahuas se acostumbra adornar las tumbas con flores y cenar ahí en familia, en un ambiente festivo enmarcado por la música. Después, el 30 de noviembre se renueva la ofrenda y se adorna para despedir a los difuntos.

En el panteón del barrio de Cuayo, en la comunidad de Chalco de Axtla de Terrazas, se lleva a cabo la velación nocturna y el cambio de fiscal. Se trata de una ceremonia de cambio de mandos en náhuatl, en la que se le da posesión, durante todo el año, a un grupo de mayordomos para el cuidado del panteón y la organización de las fiestas.

Santorum y ochavada

Entre algunas de las tradiciones más representativas de las localidades se encuentra la de San Antonio, donde se celebra el Santorum como una oportunidad de poner en práctica los valores culturales legados de los ancestros; es común la música de viento en el panteón durante los tres días que dura la velada.

Mientras que en San Martín Chalchicuatla se hace la ochavada, que consiste en que ocho días después del Día de los Fieles Difuntos, se organiza una tamalada para toda la comunidad y el 30 de noviembre no se quitan los objetos del altar, sino que se dejan a la intemperie hasta que el Sol y el aire los consumen.

Por otra parte, en los pueblos de San Vicente Tancuayalab y San Martín Chalchicuatla se conserva la tradición de los huehues, grupos de danzantes ataviados con indumentarias estrafalarias y máscaras talladas en madera, que en muchas ocasiones son heredadas de generación en generación por los pobladores.

Entre la solemnidad y la famosa alegría del mexicano al recordar a sus muertos, la catrina no es la única invitada a la celebración, y los visitantes de otras partes son bien recibidos por los lugareños, e incluso se les ofrece los itacates preparados para familiares y amigos.

Si se desea, los asistentes pueden dejar como muestra de respeto una pequeña ofrenda en los arcos que visiten, como por ejemplo una veladora.

Los municipios de la Huasteca potosina ofrecen a quienes desean descubrir sus secretos una vasta gastronomía, cultura, bellezas naturales, zonas arqueológicas y la hospitalidad de los huastecos. (RGNoticias)
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